El entorno de la playa, con su combinación de arena, salitre y sol, puede ser muy agresivo para los materiales deportivos, por lo que el cuidado de la pelota de fútbol playa es vital. Después de cada sesión de juego, es imprescindible sacudir y limpiar la pelota para eliminar toda la arena y los restos de sal, ya que estos elementos son altamente abrasivos y pueden desgastar la cubierta y dañar las costuras con el tiempo. Utiliza un paño húmedo con agua dulce para limpiarla a fondo y sécala con una toalla. Evita dejar la pelota expuesta directamente al sol ardiente durante horas cuando no se esté utilizando, ya que los rayos UV y el calor extremo pueden degradar los materiales sintéticos, decolorar la pelota y causar que la cámara interna se expanda y se deforme. La presión de aire recomendada para las pelotas de fútbol playa es menor que las de césped, generalmente entre 0.4 y 0.6 bar (5.8 a 8.7 PSI). Mantener esta presión ligeramente inferior es intencional, ya que facilita el juego descalzo y permite un mejor control en el aire. Almacena la pelota en un lugar a la sombra y ventilado para asegurar su durabilidad temporada tras temporada.
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